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lunes, 29 de febrero de 2016

LA (DES)MOTIVACIÓN

Cuando las lágrimas no te dejan ver el camino, o dejas de llorar o dejas de caminar.
 
Resulta más o menos sencillo hablar sobre la desmotivación laboral desde fuera, desde un puesto bien reconocido y bien remunerado, con la carga laboral bien equilibrada, y con jefes/compañeros/subordinados adecuados a la situación. Se suelen decir cosas como que el que está desmotivado es porque no quiere trabajar, porque es vago, o flojo, o porque no vale para ese puesto, o un poco de todas las cosas.
 
No es nada nuevo decir que el hecho de juzgar sin conocimiento de causa es en este país (y en tantos otros), deporte nacional. Y precisamente por ello, en este post, vamos a analizar los motivos más frecuentes de desmotivación laboral, y cómo luchar contra ellos para volver a ser el trabajador que todos (empezando por ti) esperan.
Para empezar, vamos a clasificar los motivos más frecuentes por la cercanía al trabajador. Esto será porque cuanto más cercano tenga un motivo el trabajador, mayor accesibilidad a la solución tendrá.
 
 
Círculo primario:
Dentro de este primer tipo nos encontramos las causas de desmotivación más cercanas al trabajador, es decir, aquéllas que tienen interactuación directa con él.
 
·         Jefe malo: Cada cual tiene una idea distinta de jefe malo. Unos piensan que un jefe malo es aquél que manda mucho. Otros aquél que no manda nada. Aquél que supervisa los trabajos demasiado cerca o aquél que se desentiende. El que da mucho trabajo o el que quita mucho trabajo.
 
·         Malos compañeros/subordinados: Los que no saben trabajar en equipo porque no rinden como el resto. O aquéllos que trepan posiciones a costa de los demás. Malos pueden ser los que ganan más que nosotros, o los que trabajan menos. Quizá aquéllos que siempre están dispuestos a echar una mano nos resulten sospechosos, o aquéllos que sólo eligen las tareas sencillas.
 
·         Condiciones laborales: Motivos de desmotivación pueden ser una jornada laboral larga, un sueldo bajo, un puesto de trabajo incómodo (luz, temperatura, ruido). Vacaciones no concedidas, turnos cambiados o promesas incumplidas también se consideran aquí.
·         Carga de trabajo: La carga de trabajo que causa desmotivación no tiene por qué ser muy grande, sino aquélla que o bien no se puede cumplir, o requiere un esfuerzo continuado en el tiempo. También puede desmotivar un encargo cuya cualificación esté por debajo de las expectativas del trabajador, o muy por encima.
·         Condiciones personales: Problemas familiares, ya sean conductuales, emocionales, o motivos de salud. Todo afecta al estado anímico de un trabajador.
 
Círculo secundario:
En este segundo tipo predominan los factores que rodean al trabajador, pero sobre los que tiene menor influencia de cambio.
·         Empresa desorganizada: Falta de información acerca de los resultados de la empresa, o rumores internos, o muchos movimientos horizontales, o con objetivos inciertos, pueden causar incertidumbre en el trabajador, lo que ocupará parte de su cabeza, disminuyendo el rendimiento y pudiendo causar desmotivación y frustración.
·         Desplazamientos al puesto de trabajo: Es de esperar que el trabajador use la ruta óptima (tiempo, esfuerzo, dinero,…) para llegar a su puesto de trabajo, pero el hecho de soportar horas de atasco en la carretera, o la necesidad de realizar demasiados transbordos en el transporte público, pueden hacer que el trabajador llegue a su puesto con la motivación baja.
·         Departamentos “mejores”: el hecho de ver reflejadas las expectativas de un trabajador en otro área que no es la suya, puede ocasionar frustración que alimente la desmotivación.
 
 
Circulo terciario o externo:
Son factores externos que no condicionan directamente el desarrollo de la jornada laboral, pero que aportan pensamientos “rumiantes” difíciles de eliminar.
·         Situación político/económica del país: La “crisis”, la corrupción, la seguridad ciudadana…, son factores que pueden descentrar al trabajador de sus objetivos, y por tanto, desmotivarlo.
·         Resultados deportivos: Por surrealista que pueda parecer a quien no lo sufra, alguien muy forofo de algún deporte deposita gran parte de sus emociones en las competiciones deportivas, emociones que comparte con el resto de actividades que desempeña. De manera que un resultado positivo/negativo de su equipo, ya sea como deportista activo o espectador, puede condicionar sus siguientes jornadas laborales.
·         Frustraciones varias: éxito de compañeros de promoción y/o conocidos no cercanos, no acompañados del éxito propio, pueden ocasionar frustraciones en el trabajador.
 
Como se puede apreciar, el 100% del entorno de un individuo afecta a su estado emocional y, por tanto, puede afectar a su rendimiento laboral. Como hemos repetido en posts anteriores, un trabajador desmotivado no es un trabajador malo, y rara vez no es recuperable. Puede que en ocasiones sea prácticamente imperceptible por los demás, porque su nivel de producción se mantiene (en calidad y/o cantidad), pero que su nivel de desmotivación sea tal que “rompa” y necesite una baja laboral. Por eso, es labor del jefe ejercer de líder, y no sólo repartir el trabajo sino hacer seguimiento del estado anímico de sus trabajadores. Es en esas ocasiones cuando el líder debe hacer como es@ padre/madre que ve a su hijo volver del colegio más triste o serio de lo normal, y sabe que algo no marcha bien.
 
Pero sobre todo, es labor del propio trabajador identificar su estado de (des)motivación, y hacer lo posible por devolverlo a los niveles emocionales óptimos.
Sobre las actuaciones posibles, veamos algunos ejemplos.
 En el caso de los factores del círculo primario, como decíamos, son los más cercanos en su interactuación con el individuo y, por tanto, los más difíciles de llevar. Ante estos factores, tal y como decíamos en el post sobre el estrés, las soluciones son luchar o huir. O asumir, que incluye parte de ambas. Luchar desde el diálogo, exponiendo las ideas personales, indicando el camino del cambio, revelando las propias frustraciones, analizando los factores reales/objetivos y descartando los ficticios/subjetivos. Volviendo a definir internamente el trabajador que cada uno quiere ser y tender a él. O huir, cambiar de trabajo, usar tus energías en otras batallas, decidir en una balanza qué implica el cambio y apostar por la incertidumbre frente al puesto actual.
Sobre los factores secundarios, el recurso más útil es asumir. Has apostado por un puesto de trabajo y esto son los daños colaterales. No existe el puesto perfecto. Lo es mientras tú consideres que lo es Debes aprender a convivir con ellos y a usarlos en tu beneficio. Usa los desplazamientos al trabajo para reorganizar tus ideas, o para desconectar del mundo profesional. La desinformación de tu empresa hacia los trabajadores no debe influir en tu rendimiento. Ante una acción, una reacción. Pero… ¿ante un rumor?
Y sobre el resto de factores, no debes dejar que se acerquen a tu jornada laboral. Ya habrá tiempo para gestionarlos. En tu rendimiento profesional no tienen cabida.
 

Como norma general, debes elegir quién quieras ser. Y debes trabajar para lograr parecerte cada día a ese modelo. Independientemente de las condiciones de contorno. Y aunque todos tenemos derecho a tener un día flojo, no alimentes tus frustraciones con pedacitos de tu profesionalidad. Al final, las etiquetas que te pone la gente son difíciles de quitar, pero aquéllas que te pones tú mismo son imposible.
Y un consejo más. La vida es algo más que un trabajo. Hay una parte fundamental del desarrollo de tu personalidad que viene de las satisfacciones profesionales, pero no es la única. Hay baches que todos debemos pasar. Y digo pasar. No quedarse ni estancarse. Procura salir lo antes posible de ese estado de desmotivación y sobre todo, procura ser feliz haciendo aquello que haces. “Por” o “a pesar de” ello.

martes, 31 de marzo de 2015

EMPRENDEDOR. EL REY DE MI CASTILLO

-     ¿Cabeza de ratón o cola de león?
-     ¿Y por qué no cabeza de león?

Cada uno tiene internamente una imagen desarrollada de lo que es y lo que vale como trabajador. De sus puntos fuertes, de sus puntos de mejora, de sus valores añadidos, de sus rendimientos y motivaciones,…; y aunque esa imagen no tiene por qué ser una imagen real, para cada cual será un objetivo fundamental ponerla en escena el máximo posible para cumplir éxitos y evitar frustraciones.

Ser el trabajador que quieres ser trabajando por cuenta ajena no siempre es fácil. Quizá porque el día a día no te permite desarrollar plenamente tus capacidades, porque la empresa no encaja exactamente en tus expectativas, porque el sueldo no es el que mereces, porque tienes un responsable eclipse (que evita que los demás vean tu luz cada vez que intentas brillar), porque el perfil de tu puesto no se amolda a tu imagen de desarrollo o simple y sencillamente, porque no te gusta lo que haces.

Por eso, y porque la creación de empleo por cuenta ajena no atraviesa sus mejores momentos, cada vez son más lo que deciden desarrollar su propia empresa. Y así, se convierten en emprendedores.

Entremezclando definición etimológica de la palabra, con una definición histórica, y dándole el contexto económico actual, se podría decir que un emprendedor es alguien que decide aventurarse empresarialmente, invirtiendo su capital, en una idea productiva innovadora.

Por supuesto esta definición es libre, y mucho prefieren quedarse con la idea de que un emprendedor es alguien que se monta su propia empresa sin más, aunque se dedique a algo que otros desarrollan de igual forma desde hace tiempo. Según mi criterio, eso es un trabajador por cuenta propia, o autónomo. Pero tampoco estamos aquí para conseguir un sillón en la Real Academia de la Lengua, así que cada cual se quede con lo que guste.

Volviendo al tema que nos ocupa, precisamente porque el número de emprendedores está creciendo, nos empezamos a familiarizar con términos empresariales hasta ahora desconocidos para nosotros. Así aparecen:

  • las startups, o compañías emergentes, que son nuevos modelos de negocio que plasman una idea nueva en el mercado;
  • las incubadoras, que son empresas dedicadas acoger esas ideas sueltas y facilitar la creación de una empresa a los ideólogos, a través de formación, microcréditos, etc., a cambio de un precio fijo o de una participación en la futura empresa;
  • las aceleradoras, que proporcionan visibilidad a la empresa a través de publicidad y marketing, para conseguir inversores y poner la empresa en explotación regular;
  • las spin-off, que son empresas creadas a partir de ideas surgidas a través del desarrollo de otras empresas;

Y así hasta el infinito. Cada día aprendo algún término nuevo, aunque generalmente son los mismos de toda la vida pero en inglés…

Pero, ¿qué debes tener en cuenta a la hora de emprender con tu propia empresa? La primera premisa que debes tener en la cabeza es que, dado que no tienes garantizado el éxito, SIEMPRE va a suponer un riesgo. Tu labor previa será cuantificar esos riesgos e intentar buscar medios para minimizarlos, de manera que el riesgo, a pesar de seguir siéndolo, lo sea menos. Aquí van unos cuantos consejos por fases:

  • LA SEMILLA. Una vez tengas claro que te gustaría montar algo por tu cuenta, crea un documento escrito que se llame MI GRAN PROYECTO o algo que te motive cada vez que lo leas.

  • HORA DE PENSAR. Piensa en la idea que vas a desarrollar. Madúrala. Piensa en las mejoras que aporta al mercado, en las necesidades que cubre. Piensa en la competencia. Piensa en tu radio de acción. En el control que podrás ejercer sobre el mercado. Documéntate. En función de la actividad que vayas a desarrollar, busca índices de natalidad, edad media, rentas per cápita, masa salarial, número de pasajeros, horarios laborales, número medio de calzado de la gente, media de días de lluvia,…, lo que sea, que aporte información a tu proyecto. Piensa, piensa, piensa. Para retroalimentar tus pensamientos, expón a gente de tu círculo íntimo (para evitar robos de ideas) tu plan de negocio, y recoge TODOS los comentarios, sean de la índole que sean, y plasma toda esta información en los antecedentes de tu documento escrito.

  • HORA DE CALCULAR. Cuando hayas desarrollado lo suficiente el apartado anterior, y tengas la cabeza a punto de explotar de ideas que van y vienen, es hora de empezar a dar forma. Para ello es el momento de echar cuentas. Debes hacer dos columnas, como toda la vida: INGRESOS Y GASTOS. Debes ser muy conservador con ambos. Aquí debes dedicar el tiempo suficiente, porque aunque te dejes algún ingreso sin calcular, debes tener en cuenta ABSOLUTAMENTE TODOS LOS GASTOS (seguros, gestores, notarios, impuestos, intereses, licencias, salarios, materiales, alquileres, maquinaria, servicios  luz-agua-gas, publicidad, redes sociales y alojamiento web, amortizaciones, etc. y una provisión de gastos completos de al menos 3 meses sin ningún ingreso). Otra cosa a tener en cuenta de nuevo en este momento es la palabra RIESGO. Hay que recordar que los gastos serán al menos los que has tenido en cuenta, y los ingresos puede que no sean los esperados. De hecho, es frecuente aplicar un coeficiente de reducción a los ingresos durante el primer periodo, de manera que quizá el primer año ingreses un 60% de tu estimación, el segundo un 75%, un 90% el tercer año y quizá alcances el 100% de tu estimación a partir del cuarto año. Sé conservador para minimizar el riesgo.

  • HORA DE REPENSAR. Teniendo ya la idea muy desarrollada y la valoración económica, podrás reperfilar tu idea inicial. Cambiar cosas, mejorando o empeorando, en función de los cálculos (lo normal es que después de echar cuentas, tengas que reducir la magnitud de tu idea inicial, aunque no tiene por qué). En función del apartado anterior, quizá también te plantees introducir un socio, bien sólo económico o bien económico-ejecutivo. Debes valorar que a mayor número de personas que decidan, más probable es que dejes parte de tus expectativas iníciales en el tintero, lo que te puede devolver a las frustraciones originales, de manera que nada de esto tenga sentido. También debes tener en cuenta que si el negocio va muy bien, pronto te saldrá competencia, de manera que tendrás que tener en cuenta con el paso del tiempo ciclos de renovación, o reducción de beneficios.

  • HORA DE RECALCULAR. Con la idea definitiva, toca volver a calcular ingresos, gastos, beneficios, para tener una previsión lo más real posible.


Todo debe estar plasmado en tu documento inicial para que puedas evaluarlo una y otra vez. Y si después de pensar y repensar decides aventurarte, aun debes tener en cuenta una paradoja: El momento más cómodo para arriesgar y emprender es tu momento de mayor estabilidad económica (obvio), que será precisamente el momento en el que menos creas que necesites emprender.

Por último, a modo de curiosidad, Marek Fodor propone los siguientes criterios para definir que una emergente ha dejado de serlo:

  • La empresa ha alcanzado jornada completa.
  • La mayoría de personas en la empresa no trabaja más de 12,5 horas diarias.
  • La fuente principal de inspiración ya son las ideas lanzadas por la competencia.
  • Los fundadores ya tienen despachos separados del resto del equipo.
  • La empresa tiene más de 2 años de vida.
  • Los fundadores pueden no estar en la oficina durante varios días, y la empresa sigue funcionando igual (o mejor) que con ellos presentes.

Mucha suerte y feliz emprendimiento

domingo, 28 de diciembre de 2014

CUENTO DE NAVIDAD: EL DESDICHADO PHIL

El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
Víctor Hugo

La siguiente historia, como cualquier película de las 15:30 que se precie, está basada en hechos reales. En todas y cada una de nuestras experiencias reales. Algunos aportamos más, otros aportamos menos. Pero qué más da si han sucedido en realidad. En el momento en el que lo sientes, es real. Al menos para ti.

Centremos la historia en Phil. Podría haberlo bautizado Paco o Juan Luis, pero un nombre inglés siempre proporciona credibilidad y caché a la historia.

Phil odiaba su trabajo. Lo que hacía. Dónde lo hacía. Cómo lo hacía. Por qué lo hacía. Con quién lo hacía. “Qué asco levantarse cada día y caminar hacia ese agujero negro de motivaciones”. “Si pudiera – pensaba él - iría en chándal a trabajar y cagaría cada mañana en el hall principal”.

Phil regresaba a casa cada día, cansado de su odioso trabajo, y compartía casa con su mujer y sus tres hijos. Y digo bien. Compartía casa. Si en cualquier momento de su vida planificó algún tipo de vida familiar feliz, nunca pudo distar más de su realidad. Phil siempre decía que su mujer ya no era la misma, pero lo cierto es que nunca fue quien él quiso que fuera. Los niños pagaron ese desatino, inocentes de todo, y vieron como lo que veían en casa no era lo que deberían ver. Y a la vista de esa visión, Phil decidió que tampoco eran lo que deberían ser.

Pudieron ser para Phil una vía de escape sus amigos, pero nunca supo ver lo bueno de la gente y todos eran objeto de crítica. ¡Qué mala suerte tenía el pobre Phil!

Es por eso que Phil, un día de extrema desidia y desesperación, decidió vender su alma al diablo y terminar con este sufrimiento. Pero el diablo, que no es malo sino astuto, decidió jugar con él. Quiso probar de qué estaba hecha su alma “Tenemos exceso y nos hemos vuelto más exquisitos. No nos vale cualquiera”.

“Te propongo varios montones de cromos. Cada uno tiene una característica de tu vida. Los hay con un trabajo mejor, con una pareja mejor, con una vida mejor. No tienes que plantarte con lo primero que venga. Hasta que no levantes del todo no podrás ver lo que te ha tocado. Puedes levantar tantos cromos como quieras. Sólo te pondré dos condiciones: Una vez descartado un cromo, no podrás volver atrás. Y por cada cromo que levantes, me regalarás un día de tu vida.”

Phil era joven aún, por lo que esa parte no le importó demasiado. Tampoco la de no volver atrás, había tantos donde elegir…

Phil, antes de levantar, pensó que su vida hasta ese momento había sido un desastre, y empezó a levantar ilusionado. El primero era un trabajo mejor. ¡Qué suerte, a la primera! Pero ya que podía elegir, lo descartó sin pensarlo demasiado y siguió levantando. El siguiente también era bueno, pero seguro que había un pelotazo en todo el montón. Lo mismo le pasó con el resto de su vida. Iba levantando de un montón, y descartando, levantando y descartando, gastando cromos de cada montón y gastando días de su vida. El diablo, aunque comenzó frotándose las manos con semejante espectáculo, poco a poco fue cambiando su tez hasta la más absoluta perplejidad.

Cuando apenas quedaban unos cuantos cromos, Phil se dio cuenta de que ya había gastado casi toda su vida, y que aún no tenía lo que buscaba. En algún momento pensó en plantarse, pero para qué, si todavía no tenía la vida que quería. Justo cuando levantó el último de sus cromos, alzó la vista, observó la expresión incrédula del diablo, y murió.

El diablo ya tenía su alma. No hacía falta esperar. Su plan resultó tan efectivo que la consiguió al instante. El diablo dudo unos segundo, cogió el alma de Phil, y la tiró a la basura. “De este tío no aprovecho ni el alma” pensó.

¿Moraleja? No la hay. Todos somos Phil. Hay quien no eligió bien el trabajo, el cónyuge o los amigos. O quien a pesar de elegir bien, no sabe valorarlo. Cada uno sacará su propia enseñanza. Os pongo la mía (aunque me resulte extraño sacar una moraleja de mi propia parábola) y cada cual que decida.

No hay cromos ilimitados. Quizá el secreto sea pensar primero qué es lo que estás buscando, para luego poderlo identificar cuando se te ponga delante. También hay que valorar. Decidir en una balanza por qué merece la pena perder días de tu vida, y por qué no. Y también tener la actitud adecuada. Si algo es malo, es malo. Pero hay tantas veces que nuestra realidad sólo depende de nuestro estado de ánimo, que terminamos por perder la percepción de lo que realmente tenemos. Para mí, mi mujer es perfecta. Decidí perder días de mi vida hasta que la encontré. Eso sí, sabía lo que buscaba. Mi hijo es una lotería, que cobro cada día al llegar a casa. Mi trabajo no es lo que siempre soñé, pero hasta que tenga claro qué estoy buscando realmente, no voy a levantar otro cromo. Mientras, intentaré ver lo bueno que tiene. Y lo demás, sobre la marcha. Amigos viene y van, pero los buenos permanecen. No perderé un solo día en nada más. Es más, si alguien no los quiere, YO SE
LOS CO
MPRO.

FELIZ 2015 para todos.

viernes, 25 de julio de 2014

NEWTON Y LOS RECURSOS HUMANOS

Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes
Sir Isaac Newton


Siempre pensé que la física era, de todas las materias, la que más me completaba, porque era capaz de dar respuesta a todos los fenómenos que me rodeaban. Mucho más lo fue cuando asumí que nosotros, dentro de una organización, somos pequeñas partículas, con más o menos peso específico en función del cargo, pero igualmente sometidos a las leyes de la mecánica que rigen el Mundo.

Así, fue como Newton se convirtió en uno de mis Coach preferidos, como lo fue Heisenberg (si no lo recuerdas, aprovecha ahora para leer Principio de incertidumbre: ¿dónde están mis empleados? ), mostrándome el camino para formar líderes en Recursos Humanos.

Y fue así como las Leyes de Newton cobraron nueva vida para mí, simplemente cambiando el matiz del punto de vista.


PRIMERA LEY DE NEWTON

Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.

Lo que traducido a la gestión de los RRHH sería:

Todo trabajador persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.

Esto quiere decir que si no intervienes en el procedimiento operativo de tus trabajadores, ellos por si solos trabajarán, si son trabajadores, o no harán nada, si no son tan proactivos. Pero no es exactamente así.

Sobre los trabajadores proactivos (es obvio que los menos activos necesitan fuerzas exteriores que los motiven a rendir), podemos pensar que, igual que decía Newton, sin tu intervención y sin “rozamiento”, siempre desarrollarán su trabajo de igual manera. El problema surge precisamente con ese “rozamiento”. Por muy productivo que sea un empleado, siempre está sometido a desgastes físicos y psíquicos (que al final se convierten de nuevo en físicos), que lo hacen dudar, desmotivarse, enfadarse, y un sinfín de estados emocionales que condicionan su rendimiento.

Es por eso que tu trabajo como responsable es saber dar “ese empujoncito” a cada uno, para que el movimiento de toda tu plantilla sea lo más homogéneo y productivo posible.


SEGUNDA LEY DE NEWTON

El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre según la línea recta a lo largo de la cual aquella fuerza se imprime.

Esto quiere decir: “En su justa medida y en el sentido correcto”.

La fuerza motriz no se refiere a tus exigencias como jefe. No es un golpe sobre la mesa. Se refiere a tu influencia sobre el sujeto. Si a un trabajador con un rendimiento excelente le exiges más y más, mientras que al resto no, y él es consciente de ello (siempre lo es, tarde o temprano), el rendimiento de ese trabajador bajará. Pero si tu subordinado se siente reconocido, valoras su trabajo y su esfuerzo y eres capaz de aumentar/mantener su motivación, estarás imprimiendo “la fuerza correcta en el sentido correcto”. Igual pasa con un trabajador poco implicado. Si tú, como líder, no dedicas el esfuerzo suficiente a meter a ese empleado en el engranaje productivo (con tanta mano izquierda sea posible antes de usar la mano derecha), no estarás imprimiendo fuerza suficiente, y por tanto, no conseguirás grandes cambios de conducta. Y esto nos lleva a la


TERCERA LEY DE NEWTON

Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria.

Todo tiene consecuencias. Y todo es recíproco. Si eres capaz de ayudar a tus empleados, de darles apoyo (técnico y emocional), ejemplo, motivación, ellos estarán ahí para ti, para tu empresa. Cuando Newton habla de contraria, quiere decir recíproca (de mí hacia ti, y de ti hacia mí). Si transmites ira y despotismo a tus empleados sólo recibirás hostilidad. Si ignoras a tus empleados, sólo obtendrás silencio.


Y ahora, te reto a que observes cómo caen tus manzanas del árbol, y a que actúes antes de que se pudran en el suelo.

viernes, 31 de enero de 2014

ENTRENANDO LA MEMORIA (I)

La buena memoria es el principio de la sabiduría.
Séneca
La memoria es una de nuestras mejores y más útiles herramientas. Un directivo sin memoria es no es un directivo útil: Improvisar datos en una reunión, ser capaz de recordar todos los parámetros que intervienen en una operación para ser capaz de tomar la decisión más óptima, tener presentes todos los temas pendientes y tareas por realizar, y ser capaz de trabajar en cada una de ellas sin descuidar el resto,… , y así puedo formar una interminable lista de actuaciones en el día a día de un directivo, que necesitan apoyarse en la memoria.

El problema es que a pesar del continuo uso que hacemos de ella, no le dedicamos el tiempo necesario para mantenerla siempre a punto. Por eso, mi objetivo en esta ocasión es potenciar tu memoria con pequeños detalles diarios.
Pero antes de pasar a los ejercicios, voy a explicar brevemente qué es y cómo funciona la memoria, rápido y sin pasar demasiado de la cultura general, para no convertir esto en un blog de biología/psicología.
La memoria es un proceso del cerebro por el cual somos capaces de codificar, almacenar y recuperar la información que recibimos. Los tres procesos son imprescindibles. Imaginad una gran biblioteca, a la cual llega un pedido nuevo de libros. Lo primero sería ver qué libros nos llegan, analizando autor, tipo, temática… Eso es codificar. A continuación es necesario colocarlo en la estantería adecuada, en base a la codificación realizada. Y por último, utilizando esos criterios, podremos ir directamente a la estantería y coger el libro deseado. Sin esos procesos, de nada valdría tener la sala repleta de libros.
En nuestra cabeza, esos “libros” son los recuerdos, y debemos tener nuestras propias reglas para que la conexión entre codificar-almacenar-recuperar sea satisfactoria.
De manera general, suele clasificarse la memoria en función del tiempo de retención:  MEMORIA A CORTO PLAZO, MEMORIA A MEDIO PLAZO Y MEMORIA A LARGO PLAZO, pero a mí me gusta más una clasificación que incluye una variante sensitiva:
  • MEMORIA SENSORIAL: son aquellos registros que percibimos antes de que nuestra atención se centre en algo. Estamos continuamente recibiendo datos, y si no llegamos a centrarnos más en el suceso, tal y como viene, se van. Ejemplo: un golpe cerca nuestro puede hacer que nos giremos bruscamente. Si no has prestado atención al suceso, en menos de un segundo desaparece de tu mente. Normalmente siguen un patrón FIFO (First In- First Out), aunque al final contaré una anécdota real de cómo puede pasar de memoria sensorial a memoria a largo plazo sin darnos cuenta.
  • MEMORIA A CORTO PLAZO (MCP): es el proceso por el cual registramos durante un corto espacio de tiempo la información de nuestras acciones e interactuaciones.
  • MEMORIA A LARGO PLAZO (MLP o simplemente MEMORIA):  es la “gran biblioteca”, donde almacenamos nuestras vivencias, experiencias y nuestro conocimiento. Normalmente se registran allí recuerdos a través de la repetición de un recuerdo de la MCP, a través del aprendizaje (bien por repetición o por comprensión), o de una experiencia emocionalmente intensa (buena o mala), aunque es posible que de repente, pasado el tiempo, nuestra mente recupere recuerdos de MCP de hace tiempo, o incluso recuerdos de memoria sensorial que no sabías que habías acumulado.

Si fuéramos un ordenador, se podría decir que la memoria sensorial es la webcam, la memoria a corto plazo en la memoria RAM y la memoria a largo plazo sería el disco duro. Para un directivo, tener muy entrenadas las dos últimas es fundamental, así que vamos a ello.

El juego de los números:
Primera semana. A primera hora de la mañana, escribe en un papel un número de 5 dígitos. No puedes volver a consultar el papel hasta la última hora del día. Antes de volver a consultarlo, debes escribir el número que recuerdes. A continuación comprueba el resultado. Es probable que hayas repetido el número en tu cabeza a lo largo del día, pero seguro que hay muchos momentos en los que tu atención se ha ido a otra cosa.
Al día siguiente, antes de escribir un nuevo número, intenta recordar la cifra de ayer. Y con 5 nuevas cifras, el juego comienza de nuevo. Repite esto durante una semana. En la segunda semana, incluye un nuevo dígito. Y con esas 6 cifras, repite el proceso.
En función de tu capacidad, es posible que tengas que empezar por 8 o  por 3. Depende de ti. Pero es importante que el comienzo te suponga sólo un pequeño esfuerzo. Ya irás cogiendo forma.

Variante al juego de los números: el juego de las palabras.
El proceso es el mismo que con los números, pero en esta ocasión se seleccionarán 5 palabras al azar. La idea es recordar esas 5 palabras, en el mismo orden que las escribiste.
También puedes combinar cifras y palabras.

El fotógrafo:
Observa a tu alrededor durante tan sólo 5 segundos. A continuación cambia la vista e intenta recordar todos los elementos que puedas. Todos los detalles: dimensiones, colores, posiciones … Toma tu tiempo y no te precipites. Aunque creas que ya no puedes recordar más, date un par de minutos adicionales. Cuando hayas terminado, vuelve a observar de nuevo, otros 5 segundos. Debes aprovecharlos para tomar nuevos detalles que no recordaste en el primer intento. En esta ocasión parece que resultará más sencillo, pero en esos 5 segundos deberás descartar aquello que ya tenías en tu mente para poder añadir los nuevos (eso ya lo tengo, eso ya lo tengo, eso es nuevo, eso también es nuevo…)
Este juego es posible realizarlo mientras caminas por la calle, o en casa o en trabajo. Ten en cuenta que en todos aquellos ambientes que conozcas bien, tendrás muchos recuerdos de la MLP, y que llegaron allí a fuerza de repetición (seguro que puedes recordar ahora mismo cómo tienes decorado el dormitorio, e incluso como tenías tu cuarto de pequeño, porque esos recuerdos los tienes almacenados en la MLP). Por eso, intenta practicar este ejercicio con entornos relativamente desconocidos.

Las parejas:
Para este juego necesitarás una baraja de naipes. En educación infantil se utilizan cartas especiales con parejas, pero para nuestro entrenamiento no es necesario. Coloca toda la baraja con las cartas ya mezcladas boca-abajo, ordenadas por filas y columnas. El juego consiste en levantar de dos en dos, en el orden que quieras, revisarlas y dejarlas de nuevo como estaban, hasta que encuentres dos cartas iguales (dos números o dos figuras iguales). Las parejas que vayas formando las vas quitando, dejando sólo cartas desemparejadas y boca abajo. Puedes levantar las mismas cartas tantas veces quieras.
A medida que vayas perfeccionándote en este juego, puedes aumentar su dificultad levantando más de dos cartas de cada vez, o emparejando familias (sólo parejas de números o figuras iguales de tréboles con picas, y corazones con rombos, por ejemplo).
Este ejercicio permite participar a más “memorizadores”, estableciendo turnos.

La agenda telefónica:
Hoy en día, a través del uso del teléfono móvil tenemos la posibilidad de llevar nuestra agenda de contactos siempre encima. Y además, como permite marcar directamente desde la agenda, no prestamos atención a ningún número. De manera que, perdiendo el teléfono, no seríamos capaces ni de llamar a los números más frecuentes.
El ejercicio consiste en usar la agenda del teléfono como una agenda de papel. Lee el número, memorízalo completo y márcalo. Puedes agruparlos de 2 en 2, o de 3 en 3, lo que te resulte más sencillo. Poco a poco verás cómo, a fuerza de repetirlos, los números más frecuentes pasarán a tu “agenda interna”

La anti-rutina: 
El peor enemigo (no patológico) de la memoria es la rutina. El aprendizaje de un proceso facilita el desarrollo del mismo, reduciendo el esfuerzo que nos supone realizarlo, de manera que no “forzamos” nuestro cerebro, y las conexiones con esos recuerdos de la MLP están muy “frescos”.
La anti-rutina consiste en deshacer esos procesos creados mecánicamente, y cambiar las cosas de sitio: Intercambia la ropa de cajones, ponte el reloj en la muñeca contraria, deja el coche en un estacionamiento que no acostumbres, intercambia tu lado de la cama con tu pareja al acostarte, etc. A medida que te vayas acostumbrando a los cambios, realiza otros. 

Quizá con este juego estés pensando que vas a perder un montón de cosas. Si quieres, para evitar extraviar cosas importantes, anota los cambios en una “hoja de emergencia”, por si acaso.


Mi pequeño rincón del mundo (ejercicio desestresante):
Como hablaba en su día en aquel post, el peor enemigo del trabajador es el estrés. Con este ejercicio refortaleceremos la memoria, y reduciremos el estrés.
Seguro que tienes algún lugar que te hace desconectar por un momento de la rutina, del agobio del trabajo y del estrés del día a día. Hay quien encuentra ese rincón durante las vacaciones en la orilla del mar, o durante un paseo por el campo, en un spa burbujeante o en la terraza de casa mirando al infinito. Mientras estás viviendo esos momentos, parece que no hay nada más a tu alrededor y que, con esa tranquilidad, podrías vivir 100 años.
El ejercicio es el siguiente: Cuando estés viviendo uno de esos momentos, concéntrate en recoger toda la información que te llega por los 5 sentidos. Normalmente nos centramos en la vista, que colapsa nuestro cerebro con el 80% de la información. Intenta escuchar cada sonido, oler y recordar la fragancia del ambiente, memorizar la sensación en la piel que estás sintiendo… Céntrate en la imagen y luego cierra los ojos para concentrarte en el resto de los sentidos. No tengas prisa. Tu misión en ese momento sólo es recoger y codificar.
Pasado el tiempo, por ejemplo en un día de trabajo, dedica 5 minutos a recordar aquel instante. Con la imagen visual en tu cabeza, intenta recordar todo aquello que recogieron tus sentidos, dándole mucho más realismo a tu recuerdo. Céntrate en cada detalle, en cada sensación, en tu estado de ánimo de aquel momento (cada emoción), e intenta traerlo al presente. Sólo por 5 minutos, regresa a tu pequeño rincón en el mundo...

Como decía al principio, sin memoria no somos útiles. Es la memoria la que nos da fluidez con coherencia en una conversación y contundencia en los datos en una negociación. No siempre vamos a tener nuestras notas delante o nuestro asesor al lado. Hay ocasiones en las que estás sólo. Bueno, sólo no. Estás contigo.

Un ejemplo real de cómo un recuerdo de memoria sensorial puede almacenarse inconscientemente en la memoria a largo plazo: Mi despertador conecta la radio. En el mismo momento que se conecta, suena un click, que ha pasado desapercibido para mí durante años. Pensaba que obviamente era la radio lo que me despertaba, porque aparentemente no oía otra cosa. Lo curioso fue cuando a plena luz del día, en el trabajo, me percaté de que a pesar del ruido que tenía la oficina, cada vez que alguien pulsaba el botón de la fuente de agua, me sobresaltaba nervioso (aumento de pulsaciones y mi atención fija en la fuente). Observé este proceso durante días. En ocasiones apenas se podía oír el ruido del botón de la fuente entre otros ruidos, como conversaciones, impresoras, etc., pero aun así me exaltaba. Presté atención al sonido e intenté analizar a qué me recordaba, pero no fui capaz. Días más tarde, en la cama, despierto antes de que llegara mi hora de levantarme, pude escuchar cómo se conectaba la radio. Y entonces lo vi claro: era el mismo ruido que el botón de la fuente.

viernes, 3 de enero de 2014

GESTIÓN DEL TALENTO

"El TALENTO sin control no sirve de nada"

Hay dos caballos (a priori intangibles) que tiran del carro de tu empresa de manera silenciosa: LA MOTIVACIÓN y EL TALENTO. Sobre la primera ya hemos hablado en alguna otra ocasión, de manera que esta vez nos centraremos en el TALENTO.

La Gestión del Talento es una parte fundamental y totalmente infravalorada en la dirección de una empresa. Cuando creemos que cualquiera puede mandar, todos los éxitos que vengan detrás serán fruto de la casualidad. Porque lo que algunos siguen llamando “mandar”, debe ser liderar, es decir, ilustrar, motivar, proteger, asesorar, y en menor medida, dirigir. Y para gestionar todo eso, debes gestionar el talento de tus empleados.

La palabra de talento significa peso o valor en la balanza, es decir, cuando hablamos de Gestionar el Talento, hablamos de gestionar la valía de cada trabajador. Se podría decir también que el TALENTO es la HABILIDAD de alguien para destacar sobre los demás realizando algo concreto.




Para la Gestión del Talento tenemos que dar cuatro pasos:

1.       IDENTIFICACIÓN: En el proceso de identificación, debemos haber realizado antes un exhaustivo estudio de las necesidades reales de nuestra empresa. Será difícil encontrar algo que no sabemos que buscamos. Para identificar el talento, se puede utilizar cualquier vía al alcance de nuestra mano: entrevistas de trabajo, colaboraciones, trabajos ya realizados dentro de nuestra propia empresa y, por qué no, trabajos realizados en la competencia. A primera vista, puede parecer un trabajo sencillo: buenos trabajos realizados=buen talento. Pero tu verdadero talento como directivo estará en identificar el potencial de cada trabajador, de cada colaborador, de cada competidor, independientemente del trabajo que desempeñe en la actualidad. Me explico:

Puede darse el caso de tener un empleado, realizando un trabajo concreto, con más o menos corrección, pero que por sus características, por su balance aptitud/actitud, POR SU TALENTO, podría dar mucho mayor rendimiento (cantidad y/o calidad) en otro desempeño. Tu trabajo en ese caso  será el de reconducir su carrera, de manera que para un mismo grupo humano, los resultados sean mucho más productivos. Por tanto, queda claro que la identificación de talentos no es labor de los RRHH, sino de quien gestiona esos recursos después día a día.


2.       ORGANIZACIÓN: Es posible que, al incorporar un nuevo TALENTO a tu organización (o uno viejo “RECICLADO”), tengas que realizar algún cambio en la estructura actual. La entidad de esos cambios deberá ser proporcional tanto a la estructura existente como al rendimiento teórico de la nueva incorporación. Es posible que la nueva incorporación sea capaz de adaptarse a la jerarquía actual, y que el resto de sus compañeros no tengan que modificar su operativa diaria. O puede ser que sea necesario realizar cambios en los equipos actualmente formados. O incluso, si el TALENTO de la nueva incorporación genera grandes expectativas en los resultados, puede darse el caso de tener que “jugar para él”. Todo esto depende de cada organización, y dentro de cada organización, de cada Área, por lo que habrá que estudiar cada caso por separado. La meta debe ser: Obtener el máximo beneficio de cada empleado, y que cada empleado se sienta en disposición de dar lo máximo por y para la empresa. O como decíamos el primer día: conseguir Empleados Motivados

3.       FIDELIZACIÓN: Has de pensar que no eres el único observador y que , si has sabido ver una cualidad destacada en un empleado, otros también podrán verla. Y esto incluye a la competencia. Ten en cuenta lo siguiente:

a) Un trabajador muy descontento, busca activamente un nuevo empleo fuera de tu Organización.
b) Un trabajador descontento, no busca activamente un nuevo empleo fuera, pero se mostrará receptivo ante ofertas externas.
c) Un trabajador medianamente motivado, no quiere salir de la empresa, pero puede verse tentado por otras áreas de tu Organización.
d) Un trabajador contento y motivado, se mostrará impermeable ante cualquier oferta. Y éste es el punto ideal.

4.       EVALUACIÓN: Tal y como hablaba en algún post anterior, lo curioso de las personas es que, a diferencia de las herramientas, puede que hoy funcionen, mañana no, y pasado mañana vuelvan a rendir con furor. La energía de cada trabajador es la motivación, cada cual la suya. Hay quien busca reconocimiento. Otros dinero. Hay quien necesita satisfacer su responsabilidad o dar alimento a su orgullo. Y tu trabajo es saber manejar cada una de ellas, para encontrar el equilibrio perfecto. Para ello, debes estar pendiente de lo que sucede, no sólo por encima de ti, sino también y sobre todo por debajo. Debes saber ver con antelación si los cambios obrados son los más adecuados, si hay que realizar reajustes, si las previsiones se cumplen y si cabe oportunidad de mejora.

Por todo esto,  no basta con encontrar un talento y con reorganizar tu área, si luego eres incapaz de retenerlo. Tal y como afirmaba al principio, la gestión del TALENTO es una parte fundamental de la empresa, y no es misión del Departamento de RRHH, sino del responsable de cada Área.

miércoles, 9 de octubre de 2013

INTELIGENCIA ARTIFICIAL vs INTELIGENCIA EMOCIONAL


"Es ridículo vivir 100 años y sólo ser capaces de recordar 30 millones de bytes. O sea, menos que un compact disc."
Marvin Minsky

Hace unos días que le doy vueltas a una historia sobre Inteligencia Artificial. Quizá porque vi de nuevo la película de Yo, Robot, en la que me resulta curioso cómo un robot toma consciencia de sí mismo, hasta el punto de no querer morir. Esta idea aparece también en Blade Runner, con su momento cumbre en el monólogo de Rutger Hauer (Roy).

Lo cierto, es que ya tenemos toda la tecnología necesaria para reproducir todos esos androides. El escollo que se encuentra un programador de Inteligencia Artificial es la transformación de programación básica a inteligencia. Esto último implica aprendizaje, mejora continua, anticipación, adaptación, y combinar eso, conductualmente hablando, es complicado de programar. 

Pero sin duda, el mayor escollo es que, cuando se haya perfeccionado esa Inteligencia cibernética, esas máquinas serán totalmente identificables (no como en Blade Runner), porque aunque las personas tenemos potencial suficiente como para actuar así, en realidad no lo hacemos. Nos comportamos de una manera mucho más simple: aprendemos poco o nada (ni de nuestras experiencias ni de las de los demás), no nos esforzamos por mejorar (“yo soy así”), no nos anticipamos (tropezamos mil veces con las mismas piedras) y no nos adaptamos al medio.

Nos empeñamos en ser como somos en vez de ser como nos gustaría ser. Pensamos que nuestra programación es inamovible. Que está protegida contra escritura y que “con lo que nos ha tocado nos quedamos”. La idea de buscar la Felicidad no debe ser un objetivo a largo plazo. Debe ser un objetivo diario, aprendiendo de los errores, mejorando, anticipándonos a los hechos y adaptándonos, para ser felices con lo que tenemos al alcance, y no con los sueños lejanos. Podríamos programarnos y reprogramarnos diariamente en función de lo que nos toca, y sin embargo, nos empeñamos en ser infelices.


Cuando los programadores se den cuenta de esto, nuestras calles estarán llenas de máquinas que irán tristes al trabajo, volverán tristes del trabajo. Sufrirán envidias e iras, y tendrán más frustraciones que motivaciones. Serán muy asociales, y no les importará lo que les suceda a otras máquinas de su alrededor. Serán egoístas y frías. Y nosotros nos empeñaremos en decir que están muy mal hechas, porque no parecen humanas. ¿No?

Y tú, ¿qué crees? ¿Soñarán los androides con ovejas eléctricas?

sábado, 24 de agosto de 2013

ENTRENANDO LA AUTOCONFIANZA

Quien tiene confianza en si mismo, gana la confianza de los demás
Leib Lazarow

En alguna ocasión, quizá en una reunión de trabajo, o en una conversación en la calle, o simplemente viendo caminar a alguien, nos ha abrumado la fuerza y firmeza con la que actúa una persona. Admiramos la confianza en sí mismo que deposita en sus acciones, y pensamos con cierta envídia "cómo me gustaría comportarme así". 

En ese momento no pensamos si realmente estamos ante alguien que domina el tema en profundidad. Da igual. Nos gana con su actitud (¿recuerdas el post Actitud vs Aptitud?)

Otra situación muy común es cometer un error y pensar que no seremos capaces de remontar, que los demás nos observan y que, con un punto negativo en nuestra espalda, difícilmente lograremos triunfar.



La autoconfianza es una herramienta fundamental no sólo para un directivo, sino para cualquier trabajador sea cual sea su ocupación, y no sólo en el plano profesional, sino en todas las facetas de la vida.

No debes confundir con autoestima. Para tener autoconfianza debes tener autoestima, pero tener autoestima no garantiza que tengas autoconfianza. La autoestima está más relacionada con tu relación contigo mismo y se refiere a cuánto te valoras, mientras que la autoconfianza interactúa con el exterior y se refiere más a cómo te afecta cada paso que das. 

Dado que en la autoestima intervienen procesos psicológicos mucho más complejos, de momento vamos a dejar ese tema para algún post futuro.

Sigamos con nuestra autoconfianza como herramienta. 
Te ayuda a pensar con más claridad, porque cada vez que eliges o descartas un argumento, esa opción queda confirmada, y no permanece rumiante en tu cabeza, consumiendo recursos.
Te ayuda a ser más útil para la empresa, porque te permite exponer tu criterio independientemente del foro.
Te ayuda a ser mejor trabajador, porque cuando estás convencido de lo que estás haciendo, el trabajo fluye con más rapidez.
Te ayuda a negociar mejor. Puedes mejorar en entrevistas de trabajo, en ventas, etc.
La seguridad en uno mismo no es algo innato. Seguro que hay una pequeña parte en nuestro temperamento, que nos viene "de serie" al nacer, pero también hay estudios que relacionan el grado de autoconfianza con el nivel de afecto recibido en los primeros años de nuestra vida. A pesar de ser un tema apasionante, no es nuestro objeto buscar el origen, sino definir el destino.
No te preocupes. Tampoco es algo que surja y permanezca perenne e inamovible. Se produce, se desarrolla, y se entrena. Sí, se entrena. Y de eso va este post. Ejercicios que te ayudarán a fortalecer tu propia seguridad en tus actos.
Empiezo por un breve cuestionario para ver cómo andas de confianza en ti mismo. No es un test científico. No sumaremos puntos al final. Sólo son preguntas que te van a hacer pensar en cómo tienes tu autoconfianza.
Empezamos:

  • Cuando caminas por un pasillo de un lugar público ¿caminas por el centro o tiendes a pegarte a una de las paredes?
  • Cuando estás en una conversación con más de dos personas que no son de tu total confianza (ni familiares ni amigos muy cercanos) ¿das tu opinión a todos, al que tienes más cerca, o prefieres omitirla y limitarte a escuchar?
  • Si te insisten mucho en un comercio, y el artículo no te supone un gran esfuerzo económico ¿lo compras?
  • ¿Llevas la contraria a tu jefe? ¿Llevas la contraria a un grupo de 3 ó más personas?
  • Con alguna prenda de vestir que te gusta mucho, pero que crees que llamará la atención, o que provocará reacciones en la gente ¿la vistes de igual modo?
  • A la hora de hablar en público ¿has notado si haces un movimiento de balanceo, similar a un péndulo? ¿consultas con frecuencia tus notas? ¿crees que tu voz se escucha en toda la sala?
  • ¿Eres capaz de mantener la mirada a alguien que fija los ojos en ti durante, por ejemplo, una reunión, o terminas desviándola por momentos?
  • Si tienes que dar instrucciones a tus subordinados y alguno de ellos se niega a acatar tu decisión ¿te enfrentas a él en ese momento, más tarde o lo dejas de lado y trabajas con el resto?
  • ¿Te ríes de algo que no te ha hecho gracia?
  • Si estás esperando a alguien ¿consultas tu teléfono (redes sociales, internet, mensajes, correo,…) simplemente por no estar mirando al frente?
Una vez leídas las preguntas ¿te sientes identificado con muchas/pocas/ninguna/todas?
Como has podido observar, se entremezclan preguntas profesionales con preguntas personales. Y es que, a pesar de que en casa y en el trabajo desarrollemos roles distintos que nos hacen comportarnos de manera distinta, la confianza en uno mismo es algo que debemos interiorizar para poder aprovecharlo en todas las facetas de nuestra vida.
Antes de empezar a practicar es necesario aclarar algo: la autoconfianza tiene un límite superior e inferior. En el límite inferior está la timidez, y en el superior la prepotencia. Debes limitarte a moverte entre esos valores, y aunque depende del tema en cuestión, siempre más cerca del superior que del inferior.

Vamos con los ejercicios.

  1. El primero de ellos es el más sencillo de explicar: Intenta cambiar tus respuestas a las preguntas anteriores, para que tras repetir el test, la nueva respuesta se dé tras demostrar tu autoconfianza:
  • Camina por el centro del pasillo
  • Si tienes algo que decir, dilo de manera que te escuche todo el mundo
  • Acércate a un comercio, interésate por un producto, pregunta, mira, revisa, y cuando vayas a pagar, di que te lo vas a pensar y/o que no estás interesado. Un buen objetivo son los comerciales bancarios que están en los pasillos de los Centros Comerciales (vendedores de tarjetas de crédito, de cuentas bancarias, etc.) ya que trabajan a comisión y son realmente insistentes. (Desde aquí pido perdón al comercial afectado por el ejercicio, y le agradezco que haya contribuido a un mundo más firme).
  • Lleva la contraria a tu jefe en algo que creas que tienes razón. Defiende tus ideas con el siguiente consejo: A un jefe se le dicen las cosas 2 veces. La primera en la que expresas tu opinión, y la segunda, en la que la explicas de nuevo y aportas la información que no haya podido quedar clara. Nada más. La decisión es suya por encima de la tuya; debes aceptar la jerarquía y no “machacar a un superior” aunque sepas que tienes razón. Aun así, siempre es mejor una crítica constructiva que un silencio eterno.
  • Sal un día a la calle con algo llamativo, hortera, o pasado de moda. Experimenta la sensación de las miradas ajenas, y sobre todo, intenta descubrir la poca importancia que puede tener para ti la opinión de un tercero.
  • Sobre hablar en público hablaremos en exclusiva dentro de unos días, pero de entrada, si tienes que hablar en público, haz el esfuerzo de fijar tus pies al suelo y evitar todo movimiento no controlado. Haz que tu voz retumbe en la sala, sin gritar ni forzar, simplemente haciéndote ver. (si no tienes la oportunidad de hablar en público, acércate a algún lugar concurrido, como un comercio donde haya que pedir la vez, y dirigiéndote a todo el foro, pregunta: “¿quién es el último?”
  • La próxima vez que te hablen, haz el esfuerzo de mantener continuamente la mirada en el otro. Esto no significa dejar de parpadear ni poner cara de perturbado. Simplemente no bajes o desvíes la mirada durante la conversación (recuerda el post del lenguaje corporal en técnicas de negociación Técnicas de negociación: El lenguaje corporal)
  • En el caso de tener que hacer que alguien cumpla tus instrucciones a pesar de su negativa, si hay más gente delante organiza el trabajo, indícale que quieres hablar en privado con él, y coméntale tu punto de vista. El caso de subordinación será un tema que trataremos en otro post.
  • La próxima vez que te cuenten algo (a priori) gracioso, pero que a ti no te ha hecho gracia, no te rías por seguir la corriente. No hace falta ser descortés. Si no cuadra, no lo fuerces.
  • Cuando estés esperando a alguien (o algo), simplemente observa lo que te rodea, sin esconder tu mirada en el teléfono, en el periódico, etc.
2.       El segundo ejercicio puede que ya lo hayas empezado a practicar. Vas a practicar tu asertividad. Para ello, debes volver a leer el post Decir no, si es no, es bueno.

Como comenté en aquella ocasión, la herramienta NO, aunque es una de las más sencillas de las que disponemos para fortalecer nuestra autoconfianza, está totalmente infravalorada, y preferimos seguir la corriente antes que nadar por nuestra propia ruta.

La autoconfianza no es sólo una herramienta. Es un engranaje. Una polea que hace mover nuestro TODO. Cada acto, cada palabra, cada pensamiento, está impulsado por la confianza que tenemos en nosotros mismos.

No te conformes con tu propia inercia. Entrénate para asegurar cada paso que des.